¿Te han incluido indebidamente en ASNEF?

TOTAL RECUPERADO
15.690.562 €

Hucha de reclamaciones de EZ

La crisis económica mundial y la acumulación de capital, las finanzas y la distribución del ingreso

INTRODUCCIÓN

En este texto se analizan las principales controversias que la actual crisis económica mundial ha suscitado entre los autores marxistas. Algunos estudios han abordado esta revisión temática desde diferentes perspectivas (Choonara 2009, Carchedi 2009, Tapia 2009, Katz 2010, Roberts 2010, Duménil y Levy 2011a, 2012, Cámara, 2012 y Basu y Vasudevan 2013), pero aquí pretendemos ofrecer una revisión más amplia a partir de una serie de ejes temáticos que incluirán tanto caracterizaciones generales de la crisis como discusiones parciales.

El objetivo radica, pues, en exponer diversos análisis de la crisis actual realizados por autores de diversas corrientes del enfoque marxista, pero no limitándose a una simple enumeración de diagnósticos, sino reflexionando a partir de nuestra interpretación de la teoría marxista de la crisis.

La crisis económica mundial y la acumulación de capital, las finanzas y la distribución del ingreso

De esta forma se podrán extraer los debates fundamentales que la Gran Recesión ha generado en este ámbito del pensamiento.

La acotación de las disputas argumentativas y de los economistas que pertenecen al análisis marxista no está en verdad exenta de una elección subjetiva, además de que no pueden estar ni todos los debates ni todos los autores. En cuanto a lo primero, nos limitamos a los que consideramos más destacados a la luz de la teoría marxista de la crisis y las especificidades de la crisis actual, y que permiten formar una idea de las opiniones más relevantes.

Respecto de los segundos, nos centramos en quienes entendemos que se adscriben al núcleo esencial de este enfoque teórico, constituido por la teoría laboral del valor y las leyes de funcionamiento del capitalismo expresadas por Marx.

La contrastación entre la teoría de la crisis y la explicación de la crisis actual se puede realizar a partir de lo que consideramos que constituye la (única) teoría marxista de la crisis.

Partimos de la idea de que para Marx (1867,I) el modo de producción capitalista posee unas leyes generales de movimiento sometidas a la lógica de valorización, por lo que en última instancia el colapso de la generación de valor, y por extensión, de la apropiación de beneficio por parte del capital, genera la crisis económica. El análisis de la reproducción y de la crisis, pues, son dos aspectos inseparables (Mattick 1974, Shaikh 1990)  lo que nos lleva a uno de los rasgos distintivos de la teoría, a saber, la crisis como momento necesario, por inevitable e indispensable, del proceso de acumulación, derivado en última instancia de la ley del valor (véase Gill 1996).

Por tanto, la crisis se origina por contradicciones inherentes a la lógica del capital, y específicamente por la necesidad de aumentar la composición del capital (la mecanización del proceso productivo), a pesar de que es el trabajo (abstracto) la sustancia del valor. En otras palabras, resulta de la ley de la tendencia descendente de la tasa de ganancia (LTDTG) (Marx 1894, VI).

Mencionamos asimismo dos implicaciones: por una parte, se ha de tener en cuenta que esta ley incorpora una serie de contra tendencias y consideraciones más concretas, pues “la crisis real sólo puede exponerse a base del movimiento real de la producción capitalista, de la competencia y el crédito,” (Marx 1861- 63, II:472), por lo que tales factores deberán integrarse en dicha ley. Es decir, la LTDTG asume diversas formas en función de las fuerzas contrarrestantes, y dentro de ciertos límites se ve influida por fenómenos reales asociados a factores de índole histórica e institucional.

Por otra, se otorga una primacía explicativa al ámbito de la producción, frente a los fenómenos distributivos o de política económica que implicarían que las crisis no fueran necesarias, sino meras posibilidades, ya que las leyes de funcionamiento surgen en la esfera de la producción de valor.

La revisión comienza con el significado de la crisis, en lo que confluye la existencia de una o varias teorías de la crisis, junto a aspectos asociados a la perspectiva temporal. Continúa con las explicaciones basadas en la rentabilidad y los debates en torno a sus causas, para culminar en las diferentes propuestas explicativas respecto del rol de las finanzas, la política económica neoliberal y la reconfiguración del patrón de distribución del ingreso.

¿UNA CRISIS DE RENTABILIDAD?

En este apartado repasamos las diferentes explicaciones relativas a la dinámica de la rentabilidad y la emergencia de la crisis, en primer lugar respecto del descenso y las expresiones de esta categoría, y posteriormente en relación a las causas.

LA DINÁMICA DE LA TASA Y MASA DE BENEFICIO

El análisis marxista destaca que la fuerza motriz de la producción capitalista es la obtención de ganancia. En la medida que la rentabilidad obtenida sea suficiente para las necesidades del proceso de acumulación, dado el volumen del stock de capital existente, continuará la inversión y se mantendrá el crecimiento económico.

Pero al hablar genéricamente de rentabilidad debemos diferenciar la tasa de ganancia, que es un cociente sin unidades que resulta de dividir los “beneficios” por el “stock de capital” (B/K), de la masa de ganancia, una cantidad en unidades monetarias y en términos reales.

La caída de la tasa de beneficio promedio no implica necesariamente que la acumulación se detenga. Es más, incluso puede intensificar su ritmo, dado que su dinámica no es proporcional al nivel de la tasa de beneficio, sino que más bien se vincula al potencial del capital ya acumulado.

Cuando el capital incrementado produce igual o menor masa de ganancia que antes se tiene una superproducción absoluta de capital (Marx 1894, VI), esto es, sobreproducción de medios de producción en cuanto actúan como capital, lo que se refleja en una sobreproducción de mercancías respecto de las posibilidades de realizar su valor en el mercado. La consecuencia es la sobre acumulación de capital y con ella el “derrumbe” de la acumulación y la crisis (véase Shaikh 1990).

Una serie de autores sostienen, siguiendo esta línea, que la crisis actual se explica por una caída de la rentabilidad, es decir, por una insuficiente valorización del capital según la LTDTG marxiana (Harman 2008, Smith 2008, Faulkner 2009, Roberts 2009, Kliman 2011, Carchedi 2011, Arrizabalo 2011, etc.).

Desde una perspectiva de largo plazo, consideran que la recuperación parcial de las tasas de beneficio desde la crisis de 1970s explica la debilidad de la inversión, y por extensión el menor crecimiento registrado en las últimas décadas, lo que ha llevado a un aumento de la deuda y a la generación de diversas burbujas especulativas. Existiría, por tanto, un problema subyacente de rentabilidad.

Ahora bien, una primera controversia surge respecto de la metodología para el cálculo de la tasa de beneficio, ya que existen diferentes posibilidades para su estimación empírica. En el numerador se puede incorporar una u otra cantidad de beneficio en función del criterio para delimitar el plusvalor.

Carchedi (2011), apoyándose en un restrictivo concepto de lo que considera actividades productivas, afirma que si bien no se constata una caída de la rentabilidad para el conjunto de la economía, sí que desciende para los sectores productivos, a lo que en verdad se refería el análisis de Marx.

Respecto del denominador, se puede utilizar el stock de capital bruto, como defiende Shaikh (1999), o neto, como realizan la mayoría de autores.

A los fines de este artículo interesa no obstante resaltar la controversia entre la utilización del coste de reemplazo (precios corrientes o actuales) e histórico (coste de adquisición, según el momento de su compra), ya que puede llevar a conclusiones diametralmente opuestas, sobre lo cual Basu y Vasudevan (2013) llevan a cabo una comparación.

Aunque en general se aboga por el primero (Shaikh y Tonak 1994:122; Duménil y Levy 2012), un autor como Kliman (2011) defiende la idoneidad de utilizar la tasa de ganancia con stock de capital a coste histórico, debido a que en su opinión es el que las empresas buscan maximizar y regula las decisiones de inversión. Sostiene que la expresión a coste de reemplazo no mediría apropiadamente las tasas actuales o esperadas de retorno sobre la inversión y no se ajustaría apropiadamente a la inflación. Al ser una categoría “ficticia”, no sería de extrañar, afirma, que no exista una clara relación con la tasa de acumulación, y por extensión el crecimiento económico.

Si los precios están cayendo esta tasa podría exceder la tasa de acumulación, cuando en teoría la cuota de beneficio debería representar la tasa de inversión máxima. Sus cálculos indican que esta expresión de la tasa de ganancia no se ha restablecido completamente, ya que no ha existido un aumento sostenido.

Este autor (Ibìd.:42-43) atribuye la mayor caída (relativa) de la tasa de beneficio a coste corriente desde mitad de 1960s hasta principios de los ochenta a la inflación registrada, ya que revalúa el conjunto del stock de capital, al contrario de lo que sucede en el período posterior de desinflación. De acuerdo además a la comparativa realizada por Basu y Vasudevan (2013), la tasa de beneficio, incluyendo en el numerador las distintas partes del excedente (impuestos, intereses, etc.), y a coste histórico, corrobora la tendencia descendente, a diferencia de lo que se obtiene con el coste de reemplazo y el beneficio neto de pagos.

Al margen de esta metodología de Kliman, en el resto de autores que utilizan el stock de capital neto no se visualiza un descenso prolongado de la tasa de ganancia que pueda explicar la crisis actual. Pero no por ello se rechaza la existencia de un deterioro fundamental de la rentabilidad.

Para autores como Potts (2010) hay que considerar la dualidad precio-valor, por lo que la caída de la tasa de ganancia no sería aprehendida verdaderamente mediante las estadísticas oficiales. El descenso de la rentabilidad constituiría una dinámica subyacente a las representaciones fenoménicas, y debería ser estimada en valores trabajo.

Precisamente, el fenómeno de la burbuja inmobiliaria contribuiría a ello: “el descenso de la tasa de beneficio en términos de tiempo de trabajo puede ocultarse por la inflación de los precios de las mercancías respecto del descenso de los valores en tiempo de trabajo.” (Potts 2010:35) La contradicción entre esencia y apariencia se reflejaría en el hecho de que una crisis de valorización se manifieste como una crisis financiera producto de una burbuja especulativa alimentada por una rentabilidad relativamente superior respecto de las inversiones productivas.

Otro aspecto relacionado con el fenómeno especulativo tiene que ver con un análisis que cuestione las cifras de las estadísticas oficiales. En este sentido, Harman (2008) ofrece una interesante argumentación para cuestionar la información que presentan las empresas. Según este autor, las compañías han exagerado en los últimos años sus beneficios para mejorar su situación en las bolsas, disuadir OPAs o incrementar el valor de las “opciones sobre acciones” otorgadas a sus encargados superiores.

Ello habría sido posible al incluir entre sus beneficios ciertos ingresos procedentes de la burbuja que luego resultaron ser ficticios.

Específicamente, como señala Moseley (2007), algunas corporaciones habrían ocultado su nivel de endeudamiento al transferir deudas a los SPV.

Harman se basa en las afirmaciones de Andrew Smithers para explicar que las estadísticas oficiales de Estados Unidos incorporan en las cuentas de los “Flujos de fondos” determinados ajustes que han significado un extraordinario incremento de la riqueza neta del país al añadir “discontinuidades estadísticas” y aumentar los valores de la propiedad.

Tales discontinuidades aumentaron entre 2005 y 2006 el equivalente a la quinta parte del aumento de la riqueza neta para todo el sector. Por tanto, “gran parte de la aparente rentabilidad de las corporaciones estadounidenses ha dependido de la manera como la burbuja incrementaba el valor de la cotización de sus activos financieros e inmobiliarios respecto de su valor real subyacente.”

(Harman 2008) Con estas consideraciones, cabe suponer que la rentabilidad que se deriva de las cuentas nacionales está sobreestimada, aunque sea difícil realizar una cuantificación exacta.

Por otra parte, algunos autores se centran en la evolución de la masa de ganancias para caracterizar la crisis. Astarita (2008), Tapia (2009, 2011), Roberts (2010) y Mateo (2012) calculan en términos reales esta magnitud para la economía estadounidense y observan que alcanza el máximo durante el tercer trimestre de 2006, momento a partir del cual desciende. Tapia (2011) destaca que la caída posterior precede al colapso de los mercados financieros y la Gran Recesión de la economía real siguiendo la periodización del NBER, por lo que es coherente con el análisis marxiano, así como con otras crisis del pasado.

Su estudio muestra que los beneficios comienzan a descender en su ritmo de crecimiento y finalmente caen en términos absolutos unos 4 o 5 trimestres antes de que aparezca la crisis, mientras que los salarios y sueldos reales, con o sin suplementos, siguen aumentando hasta el colapso, y es durante la crisis cuando descienden.

Esta caída de la masa de beneficios es importante por cuanto, a juicio de Tapia y Astarita (2011), verifica que el desplome de la rentabilidad origina el consiguiente colapso de la inversión, de mayor cuantía que la del consumo. Sería, en su opinión, la evidencia tanto del sentido de su causalidad como del papel central de la inversión para explicar los ciclos económicos. En definitiva, esta primera aproximación se resume en sus contornos generales como una crisis de valorización por una insuficiencia de plusvalía generada (Smith 2008, Arrizabalo 2011).

En oposición a esta caracterización de crisis de rentabilidad, un grupo numeroso de autores rechaza aludir a una sobre acumulación de capital asociada a un deterioro de la tasa de beneficio en el ámbito productivo (véanse Panitch y Gindin 2009, Yeldan 2009, Katz 2010, Lapavitsas 2010…), mientras que otros aseguran que la tasa de ganancia, correspondiente a Estados Unidos fundamentalmente, ha sido restablecida en los últimos años previos a la crisis (Duménil y Lévy 2011, Husson 2008, Moseley 2009), mientras que para Smith (2008) y Xie y otros (2010) el problema sería más bien el nivel al que se ha estancado la tasa de rentabilidad.

Recapitulando, observamos que son pocos quienes caracterizan la crisis actual a partir de la rentabilidad del capital, y menos los que reflexionan explícitamente en torno a la tasa y la masa de beneficios. Parece constatarse asimismo que la existencia de un proceso de acumulación estrechamente relacionado con una burbuja inmobiliaria, con la consecuente percepción de una abundancia de beneficios empresariales, ha impedido que se desarrollen explicaciones de la crisis articuladas a partir de problemas en el ámbito de la valorización del capital, si bien algunos autores aducen razones para relativizar la información proporcionada por las estadísticas y así sustentar que subyacía un problema de rentabilidad.

LAS CAUSAS DEL DESCENSO DE LA TASA DE GANANCIA

Tal y como expusimos en la introducción, Marx (1894, VI) explica la crisis a partir de la caída de la rentabilidad, producto a su vez de un cambio técnico que incrementa las distintas dimensiones de la composición del capital.

Siguiendo este enfoque, Kliman (2011) alude a la mecanización del proceso productivo, y en concreto, al alza de la composición en valor en las décadas posteriores a 1970s, si bien las fluctuaciones coyunturales de la tasa de beneficio sí vendrían originadas por la tasa de plusvalía. Este análisis coincide con Carchedi (2011), aunque éste calcula la composición orgánica (stock de capital respecto de los salarios) en las ramas que considera productivas.

Basu y Vasudevan (2013), por otra parte, se centran en el descenso de la productividad del capital, ya que indica la tasa máxima de ganancia. Ofrecen dos razones: el aumento de lo que denominan como “intensidad de capital”, o cociente capital/trabajo (como aproximación de la composición orgánica) desde 2000, junto al retroceso en el desarrollo tecnológico de la industria de bienes de capital, que no habría podido ejercer de contra tendencia al reducir relativamente el deflactor de precios del sector respecto del total.12 Roberts (2009), en su teoría de largo plazo de los ciclos, añade al aumento de la composición del capital la expansión del trabajo improductivo, que sería responsable del 70% de tal caída de la rentabilidad desde la II Guerra Mundial.

Sin embargo, en otros autores el descenso de la rentabilidad no se vincula explícitamente al aumento de la composición del capital, y la consecuente caída del tiempo de trabajo socialmente necesario, sino a las formas fenoménicas relacionadas con la ganancia empresarial neta.

En este sentido, desde la perspectiva de Estados Unidos, Cámara y Mariña (2010), si bien no atribuyen la crisis a un descenso de la tasa de ganancia, sí señalan que “la desaceleración de la dinámica de la inversión productiva y del Producto Interno Bruto (PIB) es atribuible al debilitamiento del flujo de beneficios de las empresas desde el segundo semestre de 2004 y durante 2005-2006” (Ibìd.:2), lo que se explicaría en función del “repunte de los costos laborales unitarios, por el debilitamiento de la dinámica de la productividad en relación con la de la remuneración, y de los costos en energía, por el aumento de los precios del petróleo;” y “el aumento de las tasas de interés, por el abandono por la Reserva Federal de la política monetaria acomodaticia que había adoptado desde 2001,” y relacionada con las presiones inflacionarias del apartado anterior (Ibìdem.).

En este caso, lo que para Marx son aspectos propios del final de la fase de acumulación que antecede a la crisis (salarios, precios de materias primas y tipos de interés), se ubican como causa de la caída de la tasa neta de beneficio. Lo que ocurre es que la perspectiva de estos autores es micro (nacional), pues describen las razones “inmediatas” de los problemas de rentabilidad en la economía estadounidense.

En esta línea, Duménil y Levy (2011a) sostienen que, efectivamente, ha descendido la rentabilidad, pero es la expresión neta de costes financieros (intereses y dividendos). Su análisis establece relaciones causales entre los componentes del excedente en lugar de explicar los cambios en la participación relativa de cada porción por la evolución de la masa global de plusvalía, además de que caracteriza como costes lo que no son sino fracciones del plusvalor.

Dado el enfoque microeconómico y agregativo, la causa del deterioro del beneficio del ámbito productivo reside en una alteración de la distribución del beneficio a favor de las finanzas y en detrimento de la ganancia “industrial”. Así, hablan de la creciente punción financiera que desvía fondos de la inversión productiva debido a una reconfiguración del poder de la clase dirigente.

Este aspecto es relevante en tanto que sostienen que la acumulación se financia primordialmente con recursos propios, de ahí que perciban cualquier pago en forma de renta financiera (intereses y dividendos) como deducciones del potencial inversor.

Estas concepciones parecen entroncar en cierta manera con las discusiones llevadas a cabo en torno a la desproporcionalidad sectorial relativas a los esquemas de reproducción del libro II de El Capital (remitimos a Mateo 2007).

Por el contrario, para Brenner (2009) el problema radica en la sobrecapacidad del sector manufacturero, por lo que enfatiza la visión smithiana de la intensificación de la competencia. Curiosamente, el análisis de Brenner converge con el de los neomarxistas de la Monthly Review, por cuanto el nivel de rentabilidad parece asociarse al grado de competencia registrado en la economía, o lo que es lo mismo, de monopolización. Mientras el primero presiona la tasa de ganancia a la baja (Brenner), el segundo lo hace al alza (véase Foster y Magdoff 2009).

El aspecto en común de las concepciones de la crisis que no consideran el cambio técnico es que rechazan implícitamente vincular la crisis con ciertas leyes generales de la reproducción capitalista, ancladas por tanto en la generación del valor. En consecuencia, las crisis serían momentos posibles surgidos ante la confluencia de ciertos fenómenos coyunturales relacionados con fenómenos distributivos: capital-salarios, beneficios netos-intereses/dividendos, o sectoriales.

En conclusión, existe un relativo acuerdo (con excepciones) en que las distintas expresiones de la composición del capital no han experimentado grandes alzas en el ciclo de expansión inmediatamente anterior a la crisis, lo que ha generado diversas posiciones respecto de la causalidad sobre la dinámica de la rentabilidad.

Aunque una perspectiva de largo plazo sí permite identificar la mecanización como el aspecto esencial detrás de la caída de los beneficios, se observa que se explica por la mecanización del proceso productivo, la distribución del excedente global entre los diversos segmentos del capital, o incluso salarios y precios de insumos, junto a la competencia internacional.

ACUMULACIÓN, DESEQUILIBRIOS Y EXPANSIÓN FINANCIERA

El crecimiento económico registrado en 2003-07 adoleció de una debilidad en el nivel de acumulación, y así del ratio capital-trabajo, pero con un relativo dinamismo de la inversión inmobiliaria y del sector financiero. Es decir, la dinámica de la inversión pareciera no reproducir fielmente el análisis de la sobre acumulación que Marx explicara en El Capital, lo que ha dado lugar a diferentes formas de explicar el rol desempeñado por las finanzas.

Una posible respuesta es tomar en consideración un lapso temporal mayor, considerando así la herencia de la década anterior, los años noventa. Astarita (2008) señala al respecto que “no hubo una aumento de la relación capital fijo/trabajo; ésta permaneció aplanada», ya que la inversión permaneció débil durante la expansión.

Pero este autor sí amplía la perspectiva temporal de la mecanización, ya que es consciente de que “buena parte del aumento de la productividad se debería entonces a que daba sus frutos la intensa incorporación de las tecnologías informáticas (tanto de software como de equipos) que se había producido en los noventa.” Por tanto, no niega la causalidad mecanización > rentabilidad > inversión > crecimiento y crisis, sino que más bien habría que partir de una situación de sobreinversión y un rezago de tiempo en cuanto a los resultados para la reducción de los costes de producción.

En este sentido, Brenner (2009) explica que las medidas fiscales y monetarias expansivas adoptadas en Estados Unidos a principios de 2000s no impulsaron la inversión debido a la sobreinversión y el excesivo endeudamiento ocurridos en la década de 1990s. Sin embargo, para Basu y Vasudevan (2013) sí existiría un aumento sostenido del cociente capital-trabajo desde 2000s, que si bien llevaría a un aumento de la productividad laboral, ocasionaría una caída de la productividad del capital.

Al margen de estos diagnósticos, abordamos a continuación dos formas opuestas de ubicar las finanzas en el proceso de acumulación.

LAS FINANZAS COMO CONSECUENCIA

Una línea de análisis es la que sostiene que el auge financiero (y la burbuja inmobiliaria) se alza sobre una caída subyacente de la rentabilidad, o bien se produce por un descenso anterior de la misma. En cualquier caso, no sería la causa de la crisis, sino una consecuencia de problemas localizados en la esfera de la producción de valor. De esta forma, “los diferentes sectores del capitalismo mundial no habrían llegado a depender de la burbuja si las tasas de ganancia hubieran retornado a los niveles del largo boom”. (Harman 2009:288-289)

Al establecer esta causalidad se rescatan los conceptos marxianos de plétora de capital y capital ficticio (véase Marx 1894, VI:330). En palabras de Smith (2008:6), la explicación adecuada de la “financiarización de la economía” en el largo plazo debería centrarse más bien en la tendencia descendente de la tasa de ganancia como resultado de cambios en el proceso capitalista de producción.”

Es la opinión que comparte Guerrero (2008), quien además avanza analíticamente al considerar que “el capital financiero hipertrofiado (…) no es sino consecuencia de la enorme masa de plusvalía que pulula por los mercados financieros y las bolsas mundiales sin posibilidad de fijarse en inversión productiva de ninguna clase, debido a que lo que hay en el subsector productivo es un exceso de capacidad.”

En este análisis se relaciona la masa de ganancias con el tipo de desembolso llevado a cabo (en transacciones financieras) pues si en términos absolutos la cantidad de beneficios puede alcanzar cifras astronómicas, en relación al nivel igualmente elevado del acervo de capital a valorizar estos excedentes pueden resultar insuficientes, dicotomía que no es captada por la mayoría de autores.

Porque la crisis financiera no es nunca independiente de la dinámica general de la crisis de sobre acumulación de capital productivo. Es verdad que una forma de retrasar los efectos del círculo vicioso que se desata al estallar esta crisis es detener la caída a corto plazo de la demanda mediante la expansión del crédito, pero esta expansión es al mismo tiempo la expansión de la deuda…, y, si la depresión es larga, el continuo crecimiento del crédito para contrarrestar una caída persistente de la demanda significa una acumulación de deuda que se convierte en una carga cada vez más pesada que pone en peligro la senda de crecimiento a largo plazo de la economía.

Esto es lo que está ocurriendo. (Guerrero 2008) Guerrero proporciona diversas claves interpretativas en esta cita. Por una parte, adopta una perspectiva global del circuito de valorización para explicar lo que acontece en sus diversos momentos, y específicamente para explicar la expansión financiera. Además, explica el auge de la deuda como un factor contrarrestante de la caída de la rentabilidad que aplaza, pero también amplifica, el estallido de la crisis, lo que permite ampliar conceptualmente el significado de la LTDTG.

En la misma lógica que Guerrero, Kliman (2009) explica que la caída de la rentabilidad conduce primero “a un aumento de la especulación y de las deudas que no se pueden devolver, lo cual no contradice la mencionada LTDTG, “sino que se encuentra totalmente en consonancia con ella y presta apoyo a la misma.” (Ibìd.:32)

De forma similar, Brenner (2009) y Mattick (2011) vinculan la existencia de masas de beneficio con la funcionalidad de la política económica para reciclar los beneficios que no encontraban salidas rentables, y desde una perspectiva temporal más amplia.

Brenner sostiene que la reducción de tipos a corto plazo dictada por la Reserva Federal, junto a la relajación histórica de los requisitos normalmente exigidos para la concesión de créditos hipotecarios, originó que los sectores más sensibles a los tipos de interés absorbieran masas de capital especulativo que habían alimentado la burbuja bursátil anterior.

Sin embargo, estas medidas no explican el “keynesianismo del precio de los activos” surgida en el mercado inmobiliario ya que no afecta al tipo de interés de largo plazo (el tipo hipotecario de 30 años). La caída de éste se explicaría por la menor demanda de crédito de las empresas. La burbuja especulativa del último ciclo expansivo no sería por tanto una causa, sino una consecuencia de un debilitamiento subyacente de las condiciones de valorización.

Este análisis es coherente con la idea marxista de que la tasa de interés resulta de la oferta y demanda de dinero, lo que en última instancia se refiere a las condiciones concretas del ciclo global de valorización, y no a decisiones políticas independientes y exógenas.

En línea con esta idea, Roberts (2009) señala que habría sido la caída de las perspectivas de rentabilidad en los sectores productivos lo que ha inducido una caída de los tipos de interés y la creación de más dinero por parte de las autoridades, así como contratos por bonos, hipotecas y otros instrumentos financieros. Tal incremento del capital-dinero dio la apariencia de una abundancia de capital o beneficio para reinvertir. Sin embargo, no era sino capital ficticio, ya que no se basaba en producción de nuevo valor.

Astarita (2007) desarrolla la idea marxiana de plétora de capital a partir de la idea de que la crisis actual “a su vez se explica por una crisis no resuelta de sobre acumulación del capital ‘a lo Marx’.” Según este autor, “la especulación en el mercado hipotecario de Estados Unidos de los últimos años hay que ubicarla en el marco de la plétora de capital que se produjo desde la salida de la recesión de 2001,” que ha favorecido la inversión en “los títulos estatales, las acciones y otros títulos y obligaciones, y propiedad inmueble”, ya que “si la tasa de rendimiento de la nueva inversión es igual a la tasa de interés, es lógico que las inversiones se dirijan al mercado financiero, al capital de préstamo monetario.”

Ivanova (2011) explica la manifestación de la crisis en términos financieros (la financiarización) a partir de una perspectiva mundial de la globalización de la producción y la división internacional del trabajo. Sería, en su opinión, producto de la relación entre un núcleo financiarizado centrado en los EE.UU. y una periferia financieramente subdesarrollada, en la cual la crisis de la división internacional del trabajo se ha reflejado en un desequilibrio entre la habilidad de producir de la segunda y de consumir (mediante un reciclaje de los beneficios que capta), en la primera.

Kliman (2009, 2011), por su parte, se desmarca al reivindicar que no existe una caída de la inversión respecto de la rentabilidad que haya que dilucidar, y que haya originado una expansión financiera. Frente a las propuestas explicativas de la atonía de la inversión en las últimas décadas, Kliman sostiene que la aparente dicotomía entre la acumulación y la rentabilidad, que ciertamente aumenta desde la primera mitad de 1980s, cuando se alcanza el nivel máximo de reinversión de beneficios, se explicaría por el desfase en la respuesta de la inversión al descenso de la tasa de ganancia en esos años, lo cual se amplía posteriormente.

El aspecto esencial es que desde una perspectiva histórica, este “gap” no es sustancialmente elevado, en contra de lo que sostiene la tesis de la financiarización. Por tanto, para Kliman no se habría producido una desconexión de la inversión respecto de los beneficios, ni del esfuerzo inversor (proporción de los beneficios que se reinvierten), como tampoco un creciente desvío de excedentes al ámbito financiero respecto del productivo.

LAS FINANZAS COMO CAUSA

En contraposición a estos enfoques, otra serie de autores entienden que las causas de la crisis se encuentran en el ámbito financiero, aunque se ofrece una amalgama de reflexiones con diverso énfasis en torno a la inestabilidad originada, la política económica, el comportamiento especulativo, etc., difíciles de sintetizar, por lo que mencionamos unas pocas aportaciones.

En primer lugar hay que destacar a Moseley (2008), que si bien en otras ocasiones ha explicado la crisis por el descenso de la tasa de ganancia, a su vez originado por la mecanización del proceso productivo y la expansión del trabajo improductivo, atribuye sin embargo la crisis actual al funcionamiento del sistema financiero. Defendiendo explícitamente el análisis de Minsky, este autor destaca los problemas derivados de la financiación a corto plazo y las inversiones a largo plazo por parte de los agentes, que habrían asumido riesgos excesivos.

Por otra parte, la visión de Panitch y Gindin (2009) representa el conjunto de diagnósticos de raíz “financiera” de la crisis a partir de un enfoque limitado temporalmente. Afirman que la crisis económica se deriva de las contradicciones de las finanzas capitalistas en la segunda mitad del siglo XX.

La salida de la crisis de los años setenta se realizó en su opinión impulsando el papel de las finanzas en el proceso económico gracias a las medidas de desregulación, así como el retroceso del trabajo frente al capital, todo ello en beneficio de la hegemonía norteamericana. Por tanto, aglutinan elementos políticos, de actuación empresarial y distributivos.

Asimismo, metodológicamente este tipo de formulaciones toman como punto de partida analítico la coyuntura y sus especificidades, como relaciones de poder (la hegemonía norteamericana), sectoriales (especulación financiero-inmobiliaria) o sociales (auge de las ganancias); es decir, con un reducido nivel de abstracción, en lugar del capitalismo en tanto que modo de producción, como critica Tabb (2010).

En tercer lugar, el planteamiento ya mencionado de Duménil y Levy (2011a, 2011b) y Cockshott y Zachariah (2010) coloca a las finanzas en el centro de la crisis en la medida que la restauración de su poder, y la consiguiente expansión en su ingreso, se realiza en detrimento de la acumulación productiva, pero se muestran críticos con la acepción de crisis financiera. Colindante con esta perspectiva se sitúa el conjunto de enfoques de la denominada financiarización, entendida no sólo como un papel creciente de las finanzas, sino en cuanto a la capacidad mostrada para alterar los fundamentos del modelo de acumulación.

El aspecto más relevante de estas concepciones es que ubican la crisis no como un momento necesario de la reproducción capitalista, sino como un resultado contingente al que se llega en la medida que confluyen una serie de elementos desequilibradores, como pueden ser ciertas decisiones de política económica (el neoliberalismo) o un excesivo protagonismo del sector financiero, en el que se debe considerar la desregulación llevada a cabo.

En este caso, la atribución de la crisis a cualesquiera fenómenos asociados con las finanzas implica, en la medida que nos encontramos ante una crisis del conjunto de la economía capitalista mundial, con un enfoque analítico opuesto a una perspectiva holista del proceso global de valorización que explique las razones de los desequilibrios y el rol de las finanzas. Se niega así la existencia de leyes generales de la acumulación, sustituidas por otras, propias de la hegemonía financiera.

FUERZAS PRODUCTIVAS Y CONTRADICCIONES DEL NEOLIBERALISMO

En este apartado mencionamos brevemente una serie de análisis que enfatizan el marco neoliberal para explicar la crisis, pero que tampoco se identifican con un diagnóstico en términos de error de política económica, y que además portan diversas aristas, junto a quienes establecen una clara causalidad a partir del neoliberalismo.

Por una parte, Lapatsioras, Sotiropoulos y Milios (2010) parten de las características permanentes de las relaciones capitalistas de producción y reproducción para integrar las peculiares de la organización de ellas en el marco neoliberal, en tanto que forma bajo las que aparecen en la crisis actual.

Vasapollo, Martufi y Arriola (2012), así como Arriola (2011) van un paso más allá en la sistematización de este vínculo. Si bien señalan aspectos coyunturales del neoliberalismo y los mecanismos puestos en marcha por el capital estadounidense desde finales de los años setenta para afirmar su hegemonía, enfatizan algo que no es abordado por el resto de autores: la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción a partir del estancamiento de las fuentes de plusvalía.19 Es decir, la ralentización en las últimas décadas del desarrollo de la productividad habría generado dificultades para ampliar la masa de beneficios y contrarrestar la tendencia al descenso de la tasa general media de ganancias.

En este análisis, la expansión financiera se entendería desde una perspectiva de largo plazo cercana a las tesis de G. Arrighi y los ciclos sistémicos de acumulación, basada en los límites de la acumulación capitalista (Arriola, 2011). Para Ivanova (2011), tanto el subconsumo como la LTDTG serían más bien manifestaciones de un proceso subyacente como la tendencia capitalista a desarrollar las fuerzas productivas.

Asimismo, Bakir y Campbell (2007) consideran que la causa del descenso cíclico de la rentabilidad en los años precedentes a la crisis fue el estancamiento productivo, que impidió reducir los costes laborales (o salario relativo).

Por otra, unos de los principales exponentes de la caracterización de la crisis a partir de esta política económica son Dumènil y Levy (2011a, 2011b), quienes sostienen que esta reestructuración de política económica desde los años ochenta ha respondido al poder de las finanzas.

En su análisis, este cambio en la correlación de fuerzas es esencial porque permite caracterizar el fundamento de esta nueva fase del capitalismo, ya que su dinámica “está determinada por nuevos objetivos de clase que trabajan para beneficio de los estratos de más ingreso de los propietarios de capital y las fracciones más altas de gestión de empresa” (Duménil y Levy 2011a:8). La crisis sería el resultado de esta nueva configuración de poder de clase, materializada en el aumento de la punción financiera sobre el excedente global en forma de dividendos e intereses.

En la medida que sostienen que las corporaciones financian la inversión con los beneficios retenidos, este descenso explicaría el descenso de la acumulación a pesar de la recuperación de la tasa de beneficio general.

Por tanto, este grupo de explicaciones es difícil de sintetizar por la mezcolanza de aspectos coyunturales y estructurales en torno a la crisis actual, que en última instancia se refiere a la difícil adecuación de las leyes generales de la economía capitalista a una fase concreta del sistema.

TEORÍAS DISTRIBUTIVAS DE LA CRISIS Y DE LA SOBREPRODUCCIÓN

La concepción de la crisis derivada de una desproporción entre producción y consumo, o teoría subconsumista, constituye un análisis desde la perspectiva de la distribución con una larga tradición histórica.

En la actualidad, el aumento de las desigualdades en la economía mundial desde los años ochenta, y sobre todo en la economía de Estados Unidos, ha propiciado un auge de estos enfoques, frente a las concepciones asociadas a la “presión salarial” tan populares en la década de 1970. En este apartado vamos a abordar dos propuestas relacionadas pero con diferencias sustanciales. La primera, más bien de sobreproducción, y la segunda enfatizando la caída de los salarios.

Comenzamos mencionando el enfoque del “capitalismo monopolista” relacionado con la revista Monthly Review, con el propósito de que sirva de contraste con el análisis posterior. En verdad, estos autores (Foster y Magdoff 2009) localizan el desequilibrio fundamental en la esfera productiva y, por tanto, en este sentido tiene un carácter intrínseco al modo de producción capitalista.

Sin embargo, se limita a la fase actual del capitalismo, la del monopolio y el exceso de plusvalía o excedente, ya que las empresas transnacionales muestran según esta perspectiva una extraordinaria capacidad productiva gracias a su capacidad de manipular precios, muy superior a la que puede absorber el limitado mercado.

Por tanto, la contradicción fundamental se deriva de la confluencia entre la tendencia subyacente al estancamiento del capital monopolista y las fuerzas contrarrestantes, siendo en las últimas décadas la expansión del endeudamiento (la financiarización). Esta ley de desarrollo se contrapone a la LTDTG de Marx, y la caída de la rentabilidad sería en todo caso una consecuencia de esta desproporción esencial ante la imposibilidad por vender.

Paradójicamente, el desafío explicativo no sería tanto la crisis como el crecimiento. Por tanto, la caracterización más apropiada podría ser la de sobreproducción, debido, eso sí, a una demanda insuficiente congénita al capitalismo monopolista, y no por decisiones de política económica.

El segundo grupo de este tipo de explicaciones hace referencia al retroceso salarial que se ha producido en las últimas décadas, lo que habría dado lugar a un problema de demanda (Bihr 2008, Foley 2010, Harvey 2010 y Husson 2010, 2013). Esta recomposición del patrón distributivo sería el aspecto más característico del modelo neoliberal, como señala uno de los principales exponentes, A. Bihr (2008).

… una crisis de sobreproducción por subconsumo relativo de los asalariados. Pero ellas [las políticas neoliberales] han producido simultáneamente un segundo efecto complementario del precedente: el incremento de la plusvalía, absoluta (en términos de la masa de plusvalor) así como relativa (en términos de la tasa de plusvalía). (…) Asimismo, les habrá confrontado progresivamente con dificultades crecientes para vender una producción ella misma creciente, precisamente del hecho del estrangulamiento progresivo de los salarios que se opera paralelamente. (Bihr 2008)

Además, para autores como Foley (2010) o Husson (2010, 2013), el extraordinario protagonismo de las finanzas (la financiarización) obedecería a su vez a cuestiones distributivas, concretamente a la caída del salario relativo, aspecto característico de las crisis originadas por un exceso de beneficios (Foley).

Un aumento en la tasa de explotación lleva a cabo grandes exigencias sobre el sector financiero, que debe reciclar el plusvalor realizado desde su forma altamente líquida como ingreso en dinero procedente de la venta de mercancías, a la forma altamente ilíquida como medios de producción. Si el sistema financiero fracasa en lograr esta función, la demanda agregada se estanca y se frustra la acumulación de capital, no mediante una carencia de beneficio potencial, sino a través de una incapacidad para realizar la ganancia potencial. (Foley 2010:2)

En la medida que el consumo de los capitalistas es relativamente menor, y no compensa la caída del ingreso obrero, se originan capacidades ociosas en las empresas, lo que habría tenido como consecuencia la caída de la rentabilidad por la imposibilidad de realizar la venta de las mercancías.

Sobre este tipo de análisis debemos explicitar dos tipos de controversias, de índole teórico, respecto de los fundamentos de la economía marxista, y empírico, antes de exponer el significado de esta caracterización. En primer lugar, este enfoque se opone radicalmente a la teoría laboral del valor, sobre cuya relación además con la Ley de Say, y frente a la crítica en la línea de Keynes-Malthus, Astarita aclara que

… al valor del producto (considerado en la totalidad de la economía) que se ofrece, le corresponde un poder de compra (o sea, un poder de demanda) equivalente. Esto es lo que se deriva de la ley del valor trabajo, tanto en Ricardo y Marx. El valor contenido en el lado de la demanda solo puede generarse en la producción, y por lo tanto al valor contenido en el producto necesariamente le debe corresponder un poder de compra equivalente. (Astarita 2011)

A partir de esta aseveración, por la cual se justifica que para la teoría laboral del valor marxista no puede existir un problema de demanda, surge la necesidad de explicar la caída de la demanda de inversión. En otras palabras, es preciso abordar la paradoja de sustentar a la vez la teoría laboral del valor, por la cual el valor se crea en el proceso productivo, y cuya consecuencia es la LTDTG, con el hecho de que se ralentice el fundamento de la generación de dicho valor, la inversión.

En este sentido, Chesnais (2009), curiosamente uno de los representantes de la idea de la financiarización, polemiza contra M. Husson señalando que “un sistema en el que la tasa de acumulación se estanca o retrocede es un sistema que rápidamente se enfrentará (de hecho, lo está permanentemente) con una penuria de plusvalía.”

En segundo lugar, existen debates empíricos sobre la relación entre la crisis actual y el subconsumo. Duménil y Levy (2012) argumentan que el ahorro de los grupos de mayores ingresos prácticamente cayó a cero en la fase neoliberal.

Además, sostienen que los autores subconsumistas apoyan su argumento en el mayor incremento de la productividad sobre los salarios, pero es un error puesto que habría que considerar el salario relativo. Al soslayar la dinámica diferente del índice de precios del consumo respecto del correspondiente al PIB, no advierten que en verdad la participación de los salarios en el ingreso total ha permanecido constante. Por tanto, no habría existido ninguna caída del consumo en la fase neoliberal.

Otros como Cámara (2012) y Carchedi (2011) afirman que, muy al contrario, la restructuración salarial permitió incrementar la rentabilidad en las décadas anteriores, por lo que sería funcional al proceso de acumulación. Arrizabalo (2011:106) recuerda a este respecto que la crisis surgió en las economías con mayor nivel de consumo, por lo que “en la crisis actual el subconsumo es la expresión superficial de una sobreproducción general derivada de una sobreacumulación del capital (en particular de medios de producción).”

En este tipo de análisis, que enfatizan la dimensión distributiva entre trabajo y capital, la crisis tiene un carácter coyuntural, producto de ciertos fenómenos específicos: decisiones de política económica y/o el papel de ciertos agentes (las finanzas), principalmente.

No siendo un elemento por tanto de la economía capitalista en tanto que modo de producción, se relaciona con cierta fase de la misma, en la cual la reconfiguración del reparto del ingreso supera un cierto umbral que, en cualquier caso, no se aclara cuantitativamente. Por tanto, la perspectiva es la de una producción capitalista orientada fundamentalmente al consumo, el cual determina indirectamente el monto de inversión, en el que la fuerza motriz no es el capital.

Lo que resultaría aún más paradójico sería la implicación decisiva de este enfoque para salir de la crisis y restablecer las condiciones para una nueva fase de crecimiento, a saber: el alza de los salarios (Blackburn 2009). Así pues, las crisis no serían momentos necesarios de la acumulación, sino meras posibilidades.

CONCLUSIONES

La revisión de los análisis de la crisis actual realizados por diversos autores marxistas pone de manifiesto sustanciales discrepancias en sus diagnósticos, que surgen tanto por diferentes fundamentos teóricos como, y principalmente, por los rasgos particulares de la fase de crecimiento que precedió a la crisis: limitada inversión, fenómeno especulativo vinculado a la construcción, expansión financiera, modificación regresiva de la distribución del ingreso, así como desequilibrios globales. En verdad, son aspectos aparentemente contradictorios con las leyes de funcionamiento que expusiera Marx.

En primer lugar, existen controversias respecto de la expresión adecuada de la tasa de beneficio a estimar, según costes de reemplazo o históricos para el stock de capital, o incorporando o deduciendo los pagos de impuestos e intereses (y dividendos) para la ganancia empresarial, que conducen a diferentes conclusiones.

Pero aun aceptando la ausencia de una caída de la tasa de ganancia, se habla de la existencia de un problema subyacente de rentabilidad aduciendo la posibilidad de que dicha tasa se estabilizara en niveles relativamente insuficientes o que se debiera calcular en términos de valores-trabajo, la necesidad de considerar ciertas contratendencias o efectos postergadores en el tiempo (el endeudamiento).

Incluso, se exponen razones para relativizar la información contenida en las estadísticas oficiales respecto de los beneficios empresariales, que en realidad pudieran estar sobreestimados debido a la titulización, manipulaciones contables y modificaciones en el registro estadístico. Asimismo, y de manera relevante, se constata un alarmante olvido en la utilización de la masa de beneficios, explícitamente señalada por Marx, la cual desciende antes del estallido de la crisis según los pocos autores que la han analizado.

En segundo lugar, la identificación de las causas de un hipotético problema de rentabilidad como factor desencadenante de la crisis tampoco ofrece unanimidad. La opción más próxima al enfoque marxiano alude abstractamente a una sobre acumulación de capital y/o directamente a un cambio técnico que mecaniza progresivamente el proceso productivo, manifestado en el alza de la composición en valor, la productividad del capital y la relación capital-trabajo, teniendo en cuenta en ocasiones las implicaciones de la sobreinversión de la década anterior de 1990s.

Otros, desde una perspectiva más de corto plazo, micro económica o nacional (Estados Unidos) destacan un conjunto de factores que inciden sobre la rentabilidad neta de las empresas, como los costes salariales, los tipos de interés y el precio de las materias primas, inclusive la competencia internacional.

Un tercer aspecto objeto de controversias es el relativo a los aspectos específicos del proceso de acumulación, y su relación con la rentabilidad y la especulación financiera.

Mientras unos autores señalan la correspondencia entre la productividad del capital y la tasa de ganancia, otros defienden que se ha producido en las últimas décadas una desconexión entre inversión y rentabilidad, descendiendo la primera a pesar del restablecimiento de la segunda.

No obstante, el fenómeno que suscita las discrepancias más notables reside en el significado del auge financiero: como consecuencia de la LTDTG, que conduce a una masa de beneficios insuficiente para las necesidades de valorización, endeudamiento y una caída de los tipos de interés por el descenso de la demanda de crédito, apoyado en un entorno desregulador; o bien como causa de la crisis debido a su funcionamiento inherentemente propenso a la especulación o los desequilibrios, el retroceso salarial que origina o sus implicaciones en cuanto al neoliberalismo, utilizando el término “financiarización”.

Finalmente, el aspecto distributivo representado por el descenso del salario relativo en los años precedentes a la crisis lleva a otra corriente de autores a considerar que constituye la causa de la crisis, en función de una tendencia estructural hacia el incremento del excedente o de manera coyuntural por la implantación del programa neoliberal, incluso en la medida que conduce a la mencionada primacía del capital financiero.

En vista de esta enumeración abreviada, constatamos una ruptura entre lo que entendemos que constituye la teoría marxista de la crisis y la manera como se aborda la Gran Recesión por una mayoría de sus seguidores. Lo cual nos lleva, por una parte, a dar la razón a Freeman (2010) cuando destaca el “marxismo sin Marx”, en el cual se produce un divorcio entre las conclusiones y la teoría marxiana.

La implicación que debemos resaltar es que parecen obviarse los fundamentos de su teoría del valor para analizar el desarrollo capitalista concreto, o en otras palabras, la imposibilidad de coincidir en sus postulados al margen de los elementos que conforman lo esencial de su cuerpo teórico.

Y por otra, a considerar que, en la medida que se rechaza la monocausalidad que algunos asocian a la LTDTG, anteponiendo una multicausalidad agregativa (razón por la que sostienen la ausencia de una explicación válida para las diferentes crisis a excepción de su periódica recurrencia), lo que resulta es la ausencia de una teoría de la crisis.

Haz una donación a Economía Zero

BIBLIOGRAFÍA

Arriola, Joaquín (2011): La Globalización o la razón del más fuerte. El sindicalismo ante la globalización neoliberal, Oviedo: Colección Sindicalismo del siglo XXI, Asociación Paz y Solidaridad de Asturias.

Arrizabalo, Xabier (2011): “El imperialismo, los límites del capitalismo y la crisis actual como encrucijada histórica” en Pedro J. Gómez (ed) Economía política de la crisis, Madrid: Ed. Complutense, pp. 79-113.

Astarita, Rolando (2007):Sobre la crisis financiera”, documento de trabajo, octubre.

Astarita, Rolando (2008): “Crédito, crisis financiera y ciclo económico”, documento de trabajo, octubre, 2008.

Astarita, Rolando (2009):La tasa de ganancia y las crisis en el análisis marxista”, documento de trabajo, agosto.

Astarita, Rolando (2011):Ley de Say, Marx y las crisis capitalistas”, 30 de agosto.

Bakir, Erdogan y Al Campbell (2010): “Neoliberalism, the rate of profit and the rate of accumulation”, Science & Society, Vol. 74, Nº 3, pp. 323-342.

Basu, Deepankar y Ramaa Vasudevan (2013): “Technology, distribution and the rate of profit in the US economy: understanding the current crisis”, Cambridge Journal of Economics, Vol. 37, Nº 1, pp. 57-89.

Beitel, Karl (2009): “The rate of profit and the problem of stagnant investment: a structural analysis of barriers to accumulation and the spectre of protracted crisis”, Historical Materialism, Vol. 17, Nº 4, pp. 66–100.

Bihr, Alain (2008): “Le triomphe catastrophique du néolibéralisme”, A Contre- Courant, Nº 199, noviembre.

Blackburn, Robin (2009): “Value theory and the chinese worker: a reply to Geoff Mann”, New Left Review, Nº 56, pp. 128-135.

Brenner, Robert (2009): La economía de la turbulencia global, Madrid: Akal.

Cámara, Sergio (2012): “Una evaluación crítica de las interpretaciones marxistas de la crisis actual. La dialéctica entre lo real y lo financiero”, ponencia presentada en las XIII Jornadas de Economía Crítica, Sevilla, 9-11 de febrero.

Cámara, Sergio y Abelardo Mariña (2010): “Naturaleza y perspectivas de la actual crisis: una caracterización marxista de largo plazo”, Política y Cultura, Nº 34, pp. 7-31.

Carchedi, Guglielmo (2009): “The return from the grave, or Marx and the present crisis”, Radical Perspectives on the Crisis. On the origins of the crisis (beyond finance), 28 de marzo.

Carchedi, Guglielmo (2011): “Zombie capitalism and the origins of crisis”, International Socialism, Nº 125, 5 de enero.

Chesnais, François (2009): “La recesión mundial: el momento, las interpretaciones y lo que se juega en la crisis”, Herramienta, Nº 40, marzo.

Choonara, Joseph (2009): “Marxist accounts of the current crisis”, International Socialism, Nº 123, 24 de junio.

Clarke, Simon (1994): Marx´s theory of crisis, Nueva York: St. Martin’s Press.

Cockshott, Paul y Dave Zachariah (2010): “Credit crunch: origins and orientation”, Science & Society, Vol. 74, Nº 3, pp. 343-361.

Duménil, Gérard y Dominique Lévy (2011a):The crisis of the early 21st century: a critical review of alternative interpretations”, borrador preliminar.

Duménil, Gérard y Dominique Lévy (2011b): The crisis of neoliberalism, Harvard (Massachusetts): Harvard University Press.

Duménil, Gérard y Dominique Lévy (2012):The crisis of the early 21st century: Marxian perspectives”.

Faulkner, Neil (2009): “From bubble to black hole: the neoliberal implosion”, International Socialism, Nº 122, 31 de marzo.

Foley, Duncan (2010): “The political economy of post-crisis global capitalism”, ponencia presentada en la conferencia Economy and Society, University of Chicago, 3-5 de diciembre.

Foster, John B. (2009): The great financial crisis. Causes and consecuences, Nueva York: Monthly Review Press.

Freeman, Alan (2010): “Marxism without Marx: A note towards a critique”, Capital & Class, Vol. 34, Nº 1, pp. 84-97.

Giacché, Vladimiro (2011): “Marx, the falling rate of profit, financialization, and the current crisis”, International Journal of Political Economy, Vol. 40, Nº 3, pp. 18–32.

Gill, Louis (1996): Fundamentos y límites del capitalismo, Madrid: Trotta (2002).

Grossmann, Henryk (1929): La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista, México DF: Siglo XXI, (1979).

Guerrero, Diego (2008): “La crisis actual: de la geopolítica a la dinámica del sistema capitalista”, El Revolucionario, 22 de septiembre.

Harman, Chris (2008): “From the credit crunch to the spectre of global crisis”, International Socialism, Nº 118, 31 de marzo

Harman, Chris (2009): Zombie capitalism: global crisis and the relevance of Marx, Londres: Bookmarks.

Harvey, David (2010): The enigma of capital and the crises of capitalism, Londres: Profile Books (2011).

Husson, Michel (2008): “La hausse tendancielle du taux d’exploitation”, Inprecor, Nº 534-535, enero-febrero.

Husson, Michel (2010): “Le débat sur le taux de profit”, Inprecor, Nº 562-563, junio-julio.

Husson, Michel (2013): “La baisse de la part salariale à la source de la crise”, enero. En internet: <http://hussonet.free.fr/salspher.pdf>

Ivanova, Maria (2011): “Money, housing and world market: the dialectic of globalised production”, Cambridge Journal of Economics, nº 35, pp. 853-871.

Katz, Claudio (2010):Interpretaciones de la crisis”, documento de trabajo, 10 de octubre.

Kliman, Andrew (2009): “‘The destruction of capital and the current economic crisis”, version prepublicación, 15 de enero.

Kliman, Andrew (2011): The failure of capitalist production. Underlying causes of the Great Recession, Londres: Pluto Press.

Lapavitsas, Costas (2008): El capitalismo financiarizado. Expansión y crisis, Madrid: Maia.

Lapavitsas, Costas (2010): “Financialisation and capitalist accumulation: structural accounts of the crisis of 2007-09”, Discussion Paper Nº 16, febrero, Research on Money and Finance.

Lapatsioras, Spyros, Dimitris Sotiropoulos y John Milios (2010): “Marxist theory, financial system and crisis of 2008”, ponencia presentada en la First International Conference in Political Economy, 10-12 de septiembre, Rethymno, Creta (Grecia).

Marx, Karl (1861-63): Teorías sobre la plusvalía. Tomo IV de El Capital (2 vols), Madrid: Fondo de Cultura Económica (1980).

Marx, Karl (1867): El Capital. Crítica de la economía política (3 vols), Madrid: Akal (1976).

Marx, Karl (1894): El Capital. Crítica de la economía política (3 vols), Madrid: Akal (1978).

Mateo, Juan Pablo (2007): La tasa de ganancia en México, 1970-2003. Análisis de la crisis de rentabilidad a partir de la composición del capital y la distribución del ingreso, Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid.

Mateo, Juan Pablo (2011): “The financialization as a theory of crisis in a historical perspective: nothing new under the sun”, Working Paper Series Nº 262, julio, Political Economy Research Institute.

Mateo, Juan Pablo (2012): “Una caracterización de la crisis económica mundial,” ponencia presentada en las XIII Jornadas de Economía Crítica, Sevilla, 9-11 de febrero.

Mattick, Paul (1974): Crisis y teoría de la crisis, Barcelona: Península (1977).

Mattick, Paul (2011): Business as usual. The economic crisis and the failure of capitalism, Londres: Reaction Books.

McNally, David (2011): Global slump. The economics and politics of crisis and resistance, Oakland: PM Press.

Moseley, Fred (2007): “Is the US economy headed for a hard landing?”, Permanent Revolution, 5 de diciembre.

Moseley, Fred (2008): “Some notes on the crunch and the crisis”, International Socialism, Nº 119, 24 de junio.

Moseley, Fred (2009): “The U.S. economic crisis. Causes and solutions”, International Socialist Review, Nº 64, marzo-abril.

Panitch, Leo y Sam Gindin (2009): “From global finance to the nationalization of the banks: eight theses on the economic crisis”, Global Research, 25 de febrero.

Potts, Nick (2010): “Surplus capital: the ultimate cause of the crisis?”, Critique, Vol. 38, Nº 1, pp. 35-49.

Roberts, Michael (2009): The great recession. Profit cycles, economic crisis. A Marxist view, Lulu.com.

Roberts, Michael (2010): “The causes of the Great Recession: mainstream and heterodox interpretations and the cherry pickers”, ponencia presentada en la Annual Conference of Heterodox Economists, Burdeos, Julio.

Shaikh, Anwar (1990): Valor, acumulación y crisis: ensayos de economía política, Bogotá: Tercer Mundo Editores (1991).

Shaikh, Anwar (1999): “Explaining the Global Economic Crisis”, Historical Materialism, Nº 5, pp. 103-144.

Shaikh, Anwar (2010): “The first great depression of the 21st century”, en Leo Panitch, Greg Albo y Vivek Chibber (eds), Socialist Register 2011: the crisis this time, Londres: The Merlin Press, pp. 44-63.

Shaikh, Anwar y Ahmet Tonak (1994): Measuring the wealth of nations: the political economy of national accounts, Cambridge: Cambridge University Press.

Smith, Murray (2008): “Causes and consequences of the global economic crisis: a marxist-socialist analysis”, Lecture, Brock University (Canadá), 12 de noviembre.

Tabb, William (2010): “Marxism, crisis theory and the crisis of the early 21st century”, Science & Society, Vol. 74, Nº 3, pp. 305-323.

Tapia, José Antonio (2009): “Causas de las crisis: especulación financiera, burbujas inmobiliarias, machismo desaforado y otras explicaciones económicas de nuestra penuria”, Ensayos de Economía, Nº 34, pp. 35-46.

Tapia, José Antonio (2011): “Statistical evidence of falling profits as cause of recession: a short note”, Review of Radical Political Economics (próxima publicación).

Tapia, José Antonio y Rolando Astarita (2011): La Gran Recesión y el capitalismo del siglo XXI, Madrid: Los Libros de la Catarata.

Vasapollo, Luciano, Rita Martufi y Joaquín Arriola (2012): El despertar de los cerdos, documento no publicado.

Xie, Fusheng, An Li y Andong Zhu (2010): “Marxist theory of crisis and the rate of profit in US economy: 1975-2008”, version en ingles a partir de la version china publicada en Social Sciences in China (Nº 5).

Yeldan, Enric (2009): “On the nature and causes of the collapse of the wealth of nations, 2007/2008: the end of a façade called globalization”, Working Paper Series Nº 197, Political Economy Research Institute, febrero.

Autor: Juan Pablo Mateo Tomé (Universidad Pontificia Comillas – Madrid – España)
Fuente: Economía Crítica

MUY IMPORTANTE: Si vas a realizar una consulta debes leer antes toda la información de la página CONSULTAS.

La moderación de comentarios está activada, por lo que tu comentario NO aparecerá hasta que te respondamos.


Deja un comentario

  

  


Puedes usar estas etiquetas HTML

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>