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La izquierda y predicar en el desierto – Alberto Garzón Espinosa

Alberto Garzón Espinosa

Reconozco que no me gusta predicar en el desierto. Puede ser en ocasiones una actividad estimulante, de conversación crítica con uno mismo. Pero no lo veo en absoluto útil.

Creo que el papel de la izquierda es transformar esta sociedad, superando el sistema capitalista y llevándonos a una sociedad sin clases que se inserte en nuestro planeta teniendo en cuenta las necesidades del mismo.

Para ello es importante que la gente sea consciente de esa necesidad -cada vez más imperiosa-, porque de lo contrario sólo podremos cambiar el mundo en nuestras mentes. Una especie de masturbación intelectual.

La gente no nace con las herramientas con las que entender la economía, la política o los fenómenos sociales en general. Por eso es fundamental la formación y el conocimiento. Por eso la izquierda debe ser también una herramienta de difusión de saber.

Pero lo que no puede hacer la izquierda es renunciar a las herramientas con las que conectar con el resto de gente interesada objetivamente en cambiar la sociedad. La izquierda no puede recluirse en una torre de marfil y esperar que por alguna razón desconocida la gente se acerque a preguntar qué es esa torre y qué se vende ahí. A mi juicio la izquierda debe ir a la gente, debe ser la gente.

Las apariciones en televisión permiten utilizar la herramienta que hoy en día es más eficaz respecto a la difusión de ideas y creación de opinión. Los programas difieren en cuanto a naturaleza, perfil y calidad, y así también lo hace el público al que se dirigen.

La izquierda no puede limitarse a hablarse a ella misma, a una supuesta clase moralmente superior. La izquierda en la que yo creo utiliza las herramientas de la televisión, la radio, internet, la calle y el parlamento sin negar las diferencias entre ellas y la necesidad de ajustar el mensaje en cada espacio. Y no es fácil.

La mejor tradición de la izquierda en la que yo creo se encuentra en aquellos dispuestos a escribir en los grandes medios de comunicación (que son grandes no sólo por ser empresas si no por dirigirse a mucha gente), a salir en esos grandes medios con un mensaje político nítido y eficaz, y a patearse las calles y los barrios buscando a quién convencer.

No me sorprende que durante este mes en el que mucha gente de Izquierda Unida hemos salido en televisión y concretamente en programas de tertulias políticas, las críticas de ciertos sectores se hayan intensificado. Lo sabíamos, pero preferenciamos la difusión del mensaje a un supuesto mantenimiento -erróneamente entendido- de una identidad elitista.

Sí me sorprende que algunas críticas a Gordillo, Cañamero, Llamazares, Manuel Cañada o a mí mismo se atrevan a compararnos con la supuesta ética (mal entendida también) de Julio Anguita.

Quienes establecen esa comparación son ignorantes, quizás sin mala fe, porque ignoran que nuestro compañero Julio se lanzó a todos los debates sin hacer caso a los guardianes de esencia de la izquierda.

Julio estuvo en los mismos programas en los que hoy estamos nosotros, porque Julio tiene la misma concepción de lo que es la izquierda y la política. Y nosotros que la suya, de la cual podemos -al menos en mi caso- sentirnos herederos.

Creo firmemente que el único ego que hay es de quien sólo pretende escucharse a sí mismo. El resto tendremos que intentar ser humildes altavoces de las ideas que buscan convencer y transformar.

Autor: Alberto Garzón Espinosa

Publicado en su perfil de Facebook el 05/09/2012

1 comentario para La izquierda y predicar en el desierto – Alberto Garzón Espinosa

  • Disidencia007

    Hola Alberto,
    Sobre las ideas y la capacidad transformadora:

    Por el fin de los privilegios de las élites político-sindical, religiosa y económica.

    Por el fin de la representatividad y hacia la individualización, transparencia y horizontalización de todos los procesos mediante la no violencia activa, el asamblearismo y las portavocías hasta llegar a la representación unitaria real.

    En lo personal, creo que l@s portavoces populares deben cobrar como máximo el salario mínimo, otra cosa es, desde un punto de vista sistémico, un mal endémico de nuestra especie. Sistematizado o no, individualmente es dificil sostener acumulación en una lógica horizontal de reparto. Asumiendo nuestras contradicciones podremos canalizarlas.

    ¿Y Tú de qué lado estás?

    Ánimo y Salu2

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