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La hora de los audaces

En España la democracia brilla por su ausencia

En los tiempos de zozobra hacen falta personas capaces de aglutinar el miedo ajeno y transformarlo en seguridad, confianza y liderazgo.

Y cuando decimos “un líder”, no es alguien que asuma el control total de todo, sino que sea capaz de guiar a un grupo, en este caso un país entero, hacia el aprovechamiento de sus recursos.

Que sea capaz de contar con un equipo de gobierno que facilite a la ciudadanía los recursos para que, por sí mismos, puedan salir de la crisis.

España tiene un problema evidente, nadie mira por ella, y por ende, por nosotros. Sería un error decir “los políticos actuales”, ya que sí los hay que trabajan por los ciudadanos. Pero, en su mayor parte, se han venido asentando sobre estructuras de poder enquistadas y relacionadas con poderes clientelares.

Hay familias, como los Fabra o los Calvo Sotelo, con presencia en círculos de poder desde hace más de un siglo. Además, el sistema genera nuevos cachorros dentro de los partidos cuya finalidad es perpetuarse.

Por eso, acaba siendo irrelevante que Rajoy salga en televisión, o que los diputados apenas pasen por el Congreso. Las Cámaras de representación hace tiempo que se convirtieron en un instrumento inútil de poder legislativo, de órgano que puede exigir cuentas a quienes usan la soberanía en nuestro nombre.

Los auténticos negocios que atañen a España tienen lugar en los despachos de Iberdrola, de Endesa, de Bruselas, Berlín, Santander y BBVA, Repsol, etc. La soberanía económica nos fue alienada hace mucho tiempo. La soberanía política fue subdivida en 17 proto-estados donde cada barón político, del partido que sea, lleva a cabo una feudalización de los medios de los que dispone. Todo en función de los intereses clientelares que les permiten llegar al poder, y generar a su vez sus propias clientelas.

En vez de poner solución a ello, nuestros sucesivos gobernantes han tomado medidas cada vez más contrarias al interés de la ciudadanía. Los medios públicos son ejemplos de manual de Goebbles sobre propaganda, y no exhibe más miedo un gobernante que cuando expulsa de esos medios  a quienes consiguieron llevar un poco de profesionalidad, ética y objetividad.

Lejos de recortar en los privilegios que los mantienen, porque implicaría una profunda reforma estructural del Estado que los expulsaría, lo único que hacen es limitar cada vez más los servicios públicos.

Este año habrá cientos de miles de niños amontonados en las aulas, con decenas de miles de profesores maltratados por la administración y la opinión pública, y otras decenas de miles de interinos en el paro más absoluto con años y años de experiencia.

Habrá quien no se pueda pagar los medicamentos, no sólo inmigrantes, que la demagogia es fácil, sino también españoles, “castellanos viejos” que se decía entonces. Es lo único que se les ocurre.

Madrid lleva descomponiéndose, políticamente, varios años. Creían que tenía unas cuentas saneadas y resulta que es de las que peor cumple con el déficit. A la Aguirre, «colera de Dios», y a su alcaldesa uso-dos-coches-oficiales-para-ir-a-la-peluquería, deberían preguntarles en qué se va tanto dinero si llevan años recortando en Sanidad, Educación, Servicios Sociales y tal.

La suerte que han tenido es que el resto de España vive en un despropósito aún mayor que permite esta magnífica cortina de humo en la que vivimos inmersos. El español medio no es apático, simplemente vive desconcertado.

Que un día se despierta con un aeropuerto sin aviones y se acuesta con un proyecto de otro en Burguillos, provincia de Sevilla, pueblo de 6000 habitantes. Que se entera que ha sido víctima de una monumental estafa por parte de los bancos con el asunto de las preferentes pero nadie habla de ello porque Sánchez Gordillo ha montado un show en un supermercado o en un Zara.

Que conste que no siento mucho aprecio por el esclavista Amancio Ortega (bueno, en Marruecos trabajar así tampoco es tan raro), pero conociendo cómo actúan los medios mayoritarios de masas en este país, casi mejor hacer el bien y que no vayan las cámaras.

Tener forajidos, además, viene bien al desgobierno de la Trotona, que nos cuela el tema del IVA y nadie hace nada. Verán, el IVA no es injusto por ser del 21 %, no es una cuestión cuantitativa, sino cualitativa. En el resto de Europa se paga más o menos lo mismo, con excepciones en determinados productos.

Lo injusto es que todos, independientemente del nivel de renta, paguemos un plus por esos productos. De media, una familia va a pagar entre 400 y 600 € más al año, pero esa cantidad no es lo mismo para una familia de 4 miembros con hijos pequeños y el cabeza de familia en paro o trabajo precario que para un diputado con cinco pisos (Elvira Rodríguez, por ejemplo) que cobra un suplemento de 1800€ para poder «pagarse sus gastos» en la capital en la que ya vivía. Por supuesto, de reimplantar un IVA del 33% como ya tuvimos para artículos de lujo, de eso ni hablemos.

Es curioso, además, que los señores de Europa, Alemania, Francia y Reino Unido, impongan a los supuestos incumplidores mediterráneos un IVA superior al que ellos tienen, siendo países con salarios mínimos y medios mucho más alto que nosotros. A veces más del doble.

Para los listos economistas neoliberales que sólo ven números y ecuaciones y se olvidan de la economía emocional es una cuestión racional que si no tengo dinero, tengo que recaudar más. Obvian que en un país como España o Italia, lo que va a suponer estrangular a la población de esta forma es el aumento del dinero negro y una caída del consumo, que ya era del 6’9 % antes de subir el IVA. Menos consumo, menos recaudación. Más consumo, más recaudación. Por si alguien aún no lo ve.

Cuando hablamos de aumento del dinero negro y caída del consumo, son estancos que tienen que cerrar porque la gente consume tabaco clandestino, son salas de teatro y cines que cierran porque no hay público que pueda pagar la entrada, son jóvenes talentos de música, literatura o cine que nunca podrán desarrollare en nuestro país, son impulsos para la piratería que fomenta la existencia de redes mafiosas y de explotación.

Son PYME’s que cierran porque sólo las grandes superficies pueden absorber un margen de beneficios menor y no subir tanto los precios. Es una redistribución de las escasas riquezas privadas hacia la financiación de desmanes bancarios a los que nadie pone freno.

Miles de millones de euros para Bankia y otras entidades que niegan créditos a las autonomías para que éstas recurran al FROB, al FLA y quien se ofrezca a devorar carroña financiera.

A nadie en la CEOE se le ocurre pedirle al gobierno que cree un mecanismo de aplazamiento del pago a la Seguridad Social para aquellas PYME’s que tengan beneficios netos pero se les vaya todo en pagar la deuda al Estado.

Los clubes de fútbol deben 752 millones a Hacienda y 10,6 a la Seguridad Social, pero para ellos sí hay créditos y aplazamientos. No sólo no se les exige su pago sino que, además, el Gobierno impide que se sepa quién debe más. Para el infame Wert, la excusa es que esta deuda viene de antes y, por tanto, no tienen por qué dar cuenta de ella.

Y, mientras tanto, los países que ya aplicaron las medidas de la llamada “Troika”, siguen cayendo, en el abismo que caeremos nosotros. La recesión crece, cae el consumo a niveles históricos, aumenta la pobreza y la brecha entre clases sociales, se sumerge a la población en la miseria, en el shock, se destruye la opinión pública, se restringen los medios a dos o tres grupos, se permite el ascenso de los fascismos como Amanecer Dorado que abrirá en noviembre una marca en España, bajan los salarios a niveles tercermundistas y aumenta el riesgo de conflicto social.

Es el tiempo de cambiarlo todo, o marcharse y que se hunda por sí mismo.

Fuente: El hombre Bizantino

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