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No al acuerdo transatlántico: un acuerdo para subyugarnos a tod@s

Lo primero que hay que decir, es que este tipo de acuerdos no buscan un comercio más justo, equitativo o sostenible. En su lugar establecerá un acuerdo de liberalización comercial y de inversiones entre EEUU y la UE, del agrado de grandes multinacionales e inversores extranjeros, que serán los más beneficiados.

No al acuerdo transatlántico: un acuerdo para subyugarnos a tod@s

Y todo con la protección de la parte más conservadora y neoliberal de las instituciones europeas. Así seguimos avanzando hacia la mundialización de un sistema económico definido por la suma de dos elementos: sistema capitalista y modelo neoliberal. Esto supone mantener y ampliar los mecanismos de distribución de la riqueza actuales, esos mismos que tantas desigualdades producen al canalizar la riqueza desde los países o regiones menos competitivos o desarrollados, denominados como “periféricos” (o semiperiféricos, si tienen privilegios), hacia los “centrales”, que serían los que más se lucran con este sistema y, por tanto, los más interesados.

Dicho de otro modo, se produce la mercantilización de unas desigualdades que serán mantenidas cuando no aumentadas o creadas directamente. Y que imposibilitan un correcto desarrollo de los periféricos. De esta forma, resulta imposible alcanzar un escenario internacional entre iguales, pues parece que el escenario vigente no puede existir sin periféricos que explotar. De hecho, la amenaza de los conflictos sociales derivada de esas desigualdades, podría hacer peligrar la propia estabilidad del sistema, siendo éste solo un síntoma más del fracaso de esta etapa neoliberal del capitalismo avanzado.

No es que sea incompatible, es que simplemente no se desea avanzar hacia la armonización de una normativa que garantice, no solo mayores niveles de consumo, también unos estándares de calidad y seguridad adecuados, derechos laborales asegurados, justicia social, modernización o defensa del medio ambiente. Tened en cuenta que esta normativa aspira a ser una referencia mundial en la que otros se inspiren cuando elaboren las suyas. Razón de más para que también se garantice la participación ciudadana en la elaboración de dichos acuerdos comerciales, cuyas repercusiones, vamos a vivir todos más directamente de lo que la mayoría piensa.

En cualquier caso, hay que tener claro que resulta inadmisible fomentar dumpings económicos, sociales o ambientales, los cuales, no suelen estar prohibidos pero sí que son muy condenables por sus evidentes y diversas consecuencias. Hablamos de que, independientemente de a quién beneficie, debemos evitar que se sigan aprovechando de las legislaciones laborales o ambientales menos estrictas que suelen ofrecer algunos países, generalmente, con menos nivel de desarrollo.

Y en los de tipo económico, tenemos que saber que la “fijación de precios predatorios” (cuando una empresa establece para los bienes exportados un precio inferior al de los costes de producción que tienen las empresas del país hacia el que se importan esos bienes, pese a que le pueda suponer tener que asumir unas pérdidas iniciales) equivale a una competencia desleal que busca quebrar a las demás empresas competidoras de un determinado producto o servicio, dificultando además la entrada de nuevos competidores, pero consiguiendo a largo plazo una posición monopolista que le permitirá reajustar precios y recuperarse a costa de los consumidores.

Como de las supuestas maravillas de estos acuerdos y tratados comerciales ya os hablarán los medios de desinformación masiva y la élite política cuando así lo decidan, os adelanto que me centraré más en aquello que no os contarán. Vayamos por partes.

Todo empieza con el comercio preferencial, donde los países firmantes se comprometen a reducir los aranceles entre ellos

Panorama general:

Actualmente, existe una extensa y estratégica red de acuerdos y tratados económicos y financieros que, ya sean internacionales, regionales, bilaterales o multilaterales, sirven para establecer zonas de libre comercio, uniones aduaneras, mercados comunes o uniones económicas. Son cientos de ellos (UE; TLCAN/NAFTA; TLC China-Asean/ACFTA; MERCOSUR; CAN; SAFTA; GAFTA; SICA; CARICOM; COMESA; SADC; EAC; CEFTA; TLC EU-CARD/DR-CAFTA; AFTZ; ALCA; UNASUR; TTP; ALBA;CARICOM, SACU, OTAN, GATT, OMC, etcétera) y no merece la pena enunciarlos todos, pero si haceros ver que son parte de un planificado sistema de integración económica que pretende ser global.

Todo empieza con el comercio preferencial, donde los países firmantes se comprometen a reducir los aranceles entre ellos. Y si acaban por suprimirlos, pero manteniendo aranceles propios respecto a los demás países, entonces es un área de libre comercio. Pero, si consiguen adoptar unos aranceles comunes (externos) a todos los integrantes frente al resto de países, entonces nos encontramos con que es una unión aduanera.

Y si, además, añadimos la libre circulación en el flujo de los factores productivos (mercancías, trabajadores y capitales), entonces estaríamos hablando de un mercado común. El siguiente paso es establecer una gradual armonización de las políticas económicas y monetarias, para llegar a ser una unión económica y monetaria (con moneda única). El último paso para completar esta integración económica, implica la unificación de las decisiones en política fiscal y política monetaria, lo cual desemboca, a su vez, en el necesario nombramiento de una autoridad (institución u organismo) supranacional.

Y así, dando estos pasos, integrando cada vez zonas más amplias, se conseguirá llegar hasta la total unificación de la economía mundial, que traería consigo una autoridad superior a cualquier estado de derecho o al derecho internacional. ¿Os resulta familiar? Si la respuesta es “no”, deberías seguir leyendo porque la actual crisis es un momento perfecto para que se de el siguiente paso, avanzando hacia un nuevo modelo de “capitalismo global administrado” o “capitalismo corporativista”.

Presentación del ATCI (TAFTA/TTIP, por sus siglas en inglés):

El muy ansiado “Tratado de Libre Comercio Transatlántico” o, como ahora les gusta llamarlo para incentivar a los inversionistas: el“Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones”, podría estar firmado para finales del año que viene y, básicamente, al igual que el resto de tratados similares que le han precedido (TLCs), consiste en eliminar tarifas y reducir barreras regulatorias bajo la eterna promesa del crecimiento económico y ,en consecuencia,del empleo también. Pero iremos viendo como no es, ni mucho menos, tan sencillo.

Para empezar a situarnos diré que es el mayor acuerdo bilateral de libre comercio que haya existido jamás, dando paso a la mayor zona libre de aranceles del mundocuyo comercio conjunto representa el 30% del comercio internacional y más del 50% del PIB mundial. Y, sin duda, también es una conveniente maniobra geopolítica frente a la emergente presión de China y otros países asiáticos en la escena internacional.

Por otro lado, habría que ver las repercusiones en los socios (Canadá, México, Suiza, Noruega, etc.) de las potencias firmantes de este nuevo tratado, por ejemplo, analizando el efecto denominado “desviación de comercio” que supone la modificación de las rutas comerciales internacionales preexistentes. Porque hay que pensar que todo proceso de integración económica debe implicar un sistema de discriminación contra los no incluidos en dicho proceso. Y, además, si da beneficios es porque habrá tenido unos costes. ¿Adivináis quiénes son los perjudicados o los que acaban pagando los costes? ¿y quiénes se lucran?

Dadas sus dimensiones, es inconcebible la falta de transparencia que está habiendo durante todo el proceso aunque, al parecer, es habitual que ni siquiera haya supervisión parlamentaria. Demasiada dificultad para conseguir información o, simplemente, enterarse de las personas implicadas, aquellas que nos representan supuestamente en las reuniones previas y rondas ya celebradas o pendientes (Washington, Dublín, Bruselas…), al margen de la, ya poco sorprendente, falta de responsabilidad profesional de los dueños de los mass media por no informar ni siquiera del estrepitoso rechinar producido por la frenética actividad de los miles de lobbys movilizados con este tratado.

Una falta de ética y rigor que sólo pueden suponer (re)confirmar su consentida sumisión a esos mismos poderes fácticos. Pero sin duda el mayor error es excluir a la ciudadanía de las cruciales decisiones que le afectan al negar su participación en todo el proceso, que ha sido reservado sólo para altos funcionarios.

El sistema capitalista neoliberal sigue expandiéndose con su inherente afán imperialista demundializarse

¿Hacia donde se dirige esto?

Visto el percal, quisiera plantearos una inquietud: si como comentaba en el primer párrafo, el sistema capitalista neoliberal sigue expandiéndose con su inherente afán imperialista demundializarse… resulta que, inexorablemente, se dirigirá hacia un tratado único que esté por encima del resto de tratados menores, un acuerdo homogeneizador del comercio a nivel mundial y que, al estar formado tanto por países “pobres” como “ricos”, servirá para mantener el (desigual) status quo impuesto por los mal llamados “países desarrollados” o centrales, en lo que viene a ser un constante histórica.

De hecho, demasiadas veces las negociaciones entre una potencia rica y otra pobre se limitan a que el país pobre pueda matizar algunas cláusulas del acuerdo que les quieren hacer firmar. Y, el que tenga dudas, que investigue cualquier acuerdo que haya sido firmado entre fuerzas desiguales y me demuestre que el más débil salió ganando; Incluso, cuando los centrales hacen grandes inversiones en los periféricos o en grupos étnicos, muchas veces es solo una cuestión estratégica a largo plazo de carácter ideológico, como paso durante la Guerra Fría, cuando se buscaba una legitimación del sistema en los imaginarios colectivos como paso previo vital para su posterior colonización económica. Y, si además, se consigue así desequilibrar aquellas relaciones que podrían amenazar al propio posicionamiento del sistema, pues se matan dos pájaros de un tiro.

Retomando el tema principal sobre los riesgos de los acuerdos bilaterales en el intercambio de bienes y servicios comentar que, incluso la Organización Mundial del Comercio (OMC), ha advertido que sitúan en desventaja a las naciones menos favorecidas. Por ejemplo, en el “Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana” (TLC EU-CARD/DR-CAFTA), mientras en EEUU se mantienen las medidas protectoras y los subsidios para sus agricultores, a Centroamérica se le pedía que dejara desamparados a los suyos.

Y en el TLC entre EEUU y México (TLCAN, NAFTA), se destruyó empleo en ambos, pero en México además fueron destruidas las empresas pequeñas (y familiares) que no pudieron competir con el fácil acceso al crédito de las grandes empresas estadounidenses. Y el empleo que se creó, fue por la deslocalización-movilidad de empresas de EEUU hacia México. Es el colmo pensar que EEUU, en su impostura de abolir políticas proteccionistas-intervencionistas a los otros países o regiones de sus tratados, sea el primero en hacer gala de ellas, cuando debería ser, en todo caso, al revés.

Llegados a este punto quiero resaltar que este tipo de acuerdos, cuando se dan entre potencias de muy similar condición, pueden ser beneficiosos para que se desarrollen siempre que todos sus miembros se comprometan a no firmar acuerdos con terceros países más competitivos. Si no se comprometen, acaba pasando como con el “TLC entre EEUU y Colombia, ecuador y Perú” (TLC EU-CA/CAFTA), el cual le abrió a EEUU una puerta hacia MERCOSUR (que suele mantener acuerdos más proteccionistas). Algo similar nos pasará a nosotros con el ATCI, que también abrimos otras puertas, haciéndoles la cama a las élites mundiales y sus “competitivas” y muy subvencionadas (macro) empresas que podrán explotar zonas que antes les resultaban casi inaccesibles.

Podemos decir pues, que el ATCI/TAFTA/TTIP es un paso más hacia una completa integración económica a nivel mundial, que marcará el rumbo de las relaciones comerciales durante décadas. Una espada de Damocles que pende ahora sobre la UE para terminar, muy posiblemente, guillotinándonos. Me refiero a que, al final, el sistema neoliberal acaba invadiendo e integrando todos los mercados y relaciones comerciales mediante este entramado de acuerdos y tratados. Y una vez que te has convertido en una pieza más de este sistema globalizado, descubres que no puedes competir con los dueños del tablero, con los que hacen y deshacen las normas, con los que mantienen un privilegiado estatus desde hace ya demasiado tiempo…

Según el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, estos TLCs constituyen uno de los vínculos más evidentes entre la globalización y el aumento de la desigualdad, privilegiando la liberalización del flujo de mercancías pero impidiendo el libre tránsito de trabajadores. Así, incrementan la capacidad de negociación del capital sobre la mano de obra, pero reducen los salarios y aumentan las desigualdades. 

Como, por ejemplo, sucede con los subsidios al algodón recibidos por los agricultores estadounidenses (120 mil millones $) y que expulsan del mercado a los productores africanos, imposibilitando el desarrollo de un comercio mundial más equilibrado y justo. También conviene recordar, en este sentido, que en Estados Unidos está paralizada el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA, que viene a ser la versión estadounidense que se enfrenta a la Alternativa Bolivariana de las Américas, conocida como “ALBA”), mientras que en la UE casi no se avanza en las negociaciones con el Mercado Común del Sur (MERCOSUR). ¿Hasta cuando los tendrán aparcados?

¿Como afectan al Estado de Derecho los TLC?

Se suele forzar al estado para que abandone su función protectora y ordenadora y se prostituya indiscriminadamente ante los capitales extranjeros, protegiendo a las empresas extranjeras ya existentes en el país (inversiones cubiertas) ante el temor de ser demandados por las compañías transatlánticas y los inversionistas (evitando, entre otras cosas, que se puedan nacionalizar empresas). Y desatendiendo, por tanto, los intereses nacionales.

Como resultado de armonizar los marcos reguladores y de abrir los mercados de servicios para “supuestamente” hacerlos más competitivos, se buscará una exhaustiva externalización de esos servicios para conseguir que, una vez se haya dado ese paso, este proceso sea irreversible debido a los costes por demandas. Estamos hablando de la privatización de los servicios públicos, que serán prohibidos y desmantelados, sepultando su universalidad y haciendo peligrar la capacidad de los gobiernos para actuar en interés público. La presión en este sentido es fortísima. (¿Conocen el anarcocapitalismo?)

Este entramado de acuerdos y tratados supone una deslegitimación del derecho público nacional e internacional. Nos sitúa ante la edad de oro del derecho corporativo, el cual, se ha rodeado de un fuerte sistema coercitivo para culminar, finalmente, con la creación de unos “tribunales arbitrales internacionales”, que existen al margen del sistema judicial de derecho público estatal e internacional, algo que resulta intragable.

Llegamos así a un tema de especial transcendencia debido a sus muy probables repercusiones. Hablamos de que una empresa puede demandar a un país (véase casos Philips Morris-Uruguay/Australia, Chevron-Ecuador…) o a regiones enteras como la Unión Europea ante los tribunales arbitrales, arremetiendo contra las legislaciones existentes bajo la acusación de una supuesta pérdida de beneficios futuros (activos no tangibles). De hecho, el “Estado” es siempre el demandado, nunca el demandante. Y, ante esta situación de inseguridad, los gobiernos tenderán a no establecer ni aplicar nuevas leyes que protejan la salud y seguridad pública.

Incluso conseguirán que se deroguen las prohibiciones y restricciones ya existentes, facilitando la entrada en la UE de los transgénicos (Monsanto sonríe), la carne tratada con hormonas y cloro (derogando la directiva europea vigente; Por cierto, la OMC falló a favor de EEUU hace ya quince años en este tema) y demás miserias producidas que, hasta ahora, eran medianamente contenidas. Aunque se quiera negar, diciendo que no es un tema que se vaya a tratar en el acuerdo, la realidad es que se ponen las bases para que así sea. Con las modificaciones que se van haciendo en beneficio de las grandes multinacionales sin duda se perjudicarán los estándares de seguridad alimentaria, condenándonos a una profunda perdida de soberanía alimentaria (y aumento de la dependencia alimentaria).

Tampoco conviene olvidar que, si llegara el día en el que el gobierno antepusiera los derechos sociales de la población, e hiciera una auditoría de la deuda, resolviendo que la mayor parte es ilegítima, ergo, no se paga… resultaría que los bancos y fondos de inversión implicados demandarían al gobierno ante esos tribunales arbitrales a los que no les importa lo que ponga en la Constitución, sino sólo lo acordado en tratados como el ATCI o en los acuerdos internacionales de la OMC, propiciando así la destrucción, no sólo del derecho nacional e internacional, también de la economía nacional y de las conquistas sociales conseguidas…

Barreras no arancelarias

Dado que las medidas arancelarias en la actualidad son casi inexistentes, el tratado se centrará en suprimir las “barreras no arancelarias” para el comercio, que vienen a ser aquellos requisitos adicionales que los países asignan a los productos extranjeros para proteger sus sectores económicos claves. Algunas de ellas son: las normas sanitarias, las políticas públicas de carácter medioambiental, estándares nacionales, especificaciones técnicas propias, cuotas… y muchas serán susceptibles de ser demandadas. Todo aquello que suponga un obstáculo para el comercio podrá serlo. Lo cual, vuelve a ser algo intragable. Pensad que podría afectar directamente a productos alimentarios, químicos, automovilísticos, farmacéuticos, sanitarios…

La desregularización ambiental, además, agravará las amenazas existentes de contaminación por la previsible falta de medios para aplicar controles. También contribuirá a la expansión del fracking en Europa, que es una peligrosa técnica para extraer gas de esquisto. Llegaremos, incluso, a la nefasta situación de que un país ni siquiera pueda negarse a aceptar una inversión extranjera que sea irrespetuosa con el medio ambiente.

También hay que destacar, en este tipo de acuerdos, la intención de avanzar hacia unas normas estrictas que se conviertan en estándares globales en cuanto a derechos de autor y protección de la propiedad intelectual (especialmente en cuestiones farmacéuticos y biotecnológicas), lo cual afectará prácticamente a todas las áreas de la actividad económica, incluidas la agricultura, la industria y los servicios públicos.

Hasta ahora, la política de Europa es imponer a los demás países sus estrictas normas de propiedad intelectual como vemos, por ejemplo, con el TLC entre la UE y Tailandia, que pondría en peligro el acceso, en el país asiático, a los medicamentos genéricos para el SIDA, el cáncer o enfermedades cardiovasculares. Medicamentos que ahora son gratuitos o tienen precios muy bajos. Estamos ante una economía profundamente deshumanizada, hecha para establecer el dominio de unos pocos seres humanos sobre el resto, y completamente desapegada de la naturaleza que explota in extremis. No debemos contribuir ni consentirlo.

No quiero terminar sin recordar que las propias estadísticas de la OMC muestran al gobierno estadounidense como el destinatario de una de cada cuatro controversias por barreras comerciales planteadas por los países miembros de esa entidad ante su Tribunal de Solución de Controversias. Tampoco debemos olvidar que en EEUU se origina esa monumental estafa o conspiración financiera internacional (que algunos llaman “crisis”) producida a raíz de la desregularización bancaria iniciada en EEUU con el fin de desregularizar su propio capital financiero o el de cualquier otro. Estafa que aún estamos sorteando mientras vemos como pasan los años sin que se condene a ningún responsable.

No es que todos los acuerdos comerciales sean indeseables, tan sólo lo son aquellos que no respetan los derechos sociales, laborales o medioambientales. Aquellos que mercantilizan las desigualdades sembrando crisis y hambrunas. Aquellos que no permiten el desarrollo donde hace falta o que son firmados por la congoja del poderío militar… ¿Me engaño si pienso que se pueden conseguir otros acuerdos?

NO al Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones (ATCI / TAFTA / TTPI);

Porque otro mundo es tan posible como deseable y necesario.

Autor: Lucas Gómez-Zorrilla

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