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Carta de una trabajadora de mobiliario urbano del Ayuntamiento de Madrid #justicia350

Ahora hay mucha alegría, los barrenderos y jardineros han demostrado que se puede plantar cara a las grandes empresas, pero ¿Que pasa con nosotros? ¿Con los 350 trabajadores no subrogados en agosto? La respuesta es fácil, somos invisibles.

¿Como nos convertimos en invisibles? La cosa empezó allá por mediados de julio, al menos en mobiliario urbano, con rumores sobre que no nos iban a subrogar las empresas entrantes.

Procuramos no hacer caso, seguir con nuestro trabajo, oprimidos por un ERTE que duraba ya tres años, cambiando, arreglando e inspeccionando los bancos, las papeleras, las vallas, los bolardos y todas aquellas cosas que componen el mobiliario urbano de Madrid y que estaban bajo nuestra competencia.

Carta de una trabajdora de mobiliario #justicia350

El 31 de julio la empresa saliente nos dio a firmar la subrogación y el 1 de agosto nos presentamos en nuestros puestos en las nuevas empresas, con la esperanza de que nos admitieran. No fue así y comenzó el periplo de 51 trabajadores, los otros cinco no sabemos donde andan, se rumorea que trabajando para las empresas.

Nuestro periplo nos llevó a denunciar a las empresas, a no cobrar paro hasta que la administración quiso y debiendo como debían meses del ERTE, a concentraciones… Y fue pasando el tiempo.

Yo tuve suerte, cobre el paro el primer mes y compatibilizado con un trabajo a media jornada, así que cobro el 50% de paro. Las protestas se fueron diluyendo y me encontré con mi padre y otra compañera acudiendo a asociaciones, entrevistas con plataformas de trabajadores, con periodistas… En ese periplo, y al principio de todo conocí a Pepe Montesinos.

Hay que reconocer que tiene buenas ideas pero la mayoría de los afectados no se involucraron y nos dedicamos a seguir luchando por lo nuestro.

Alguien que ha estado desde el minuto uno y antes de que todo empezará fue Raquel López, concejala de IU en el Ayuntamiento de Madrid. Nos dio voz, nos invitó a plenos y comisiones y siempre que puede nos menciona en sus participaciones en el pleno o en entrevistas. Y nos menciona específicamente a mobiliario urbano.

Nunca pensé que un político nos escucharía y llegó Raquel para demostrarme que estaba equivocada y devolver la fe en la política a una persona que había perdido todos sus ideales.

El tiempo seguía pasando y dejamos de ser noticia. Lo cierto es que fuimos una noticia fugaz y vueltos a nombrar así como de pasada cuando el concejal de medio ambiente permitió que las empresas se cargarán otro departamento completo. Tuvimos que aguantar que ese «señor» nos mintiera en la cara en plena Comisión de medio ambiente y no tuviera el valor de mirarnos a la cara.

Que una vez más llamara a Raquel agorera y mentirosa, con nosotros delante. Ese episodio fue humillante, pero nosotros seguimos adelante.

Después de sortear como buenamente pudimos el principio del curso escolar, los invisibles de mobiliario seguíamos pagando sin recibir noticias del paro, aquellos que no habían cobrado con las cuentas en mínimos. Los bancos y los recibos no entienden de que no cobres o de que cobres lo justo para la supervivencia.

Y llegó octubre y la primera fecha de juicio: 11 de noviembre a las 11 de la mañana.

Mientras que la fecha llegaba salto a la palestra el ERE para barrenderos y jardineros y la convocatoria de huelga indefinida.

Personalmente he seguido está huelga por muchos frentes: en la red, con los comités de empresa y a pie de calle con los piquetes.

Al principio los 350 trabajadores invisibles también estábamos en las condiciones de los sindicatos pero esas buenas intenciones se fueron difuminando en las mesas de negociación y los días de huelga, en las condiciones impuestas por la patronal, condiciones pantagruélicas que oprimían a aquellos que nada tenían.

Los 51 trabajadores de mobiliario pasábamos desapercibidos según aumentaban los días de paro.

Yo seguía incansable, si la justicia dictaba la readmisión quería entrar con las condiciones que tenía antes. No es que sean las mejores pero dentro de lo malo si es cierto que no están muy mal.

El primer juicio de dieciocho trabajadores de mobiliario urbano contra las empresas se nos echó encima, haciendo cierto eso que dice que cuando no quieres que algo llegue, llega más rápido.

Fue difícil. En ciertos momentos y escuchando a los abogados parecíamos delincuentes, tramposos que habían querido engañar a las empresas. A nadie pareció preocuparle como sobrevivimos o si dormimos por las noches.

Cuando trabajaba en mobiliario dormía más o menos bien porque aunque no llegaba a fin de mes podía pagar las facturas, ahora no duermo bien y me siento más inútil que una mala hierba.

Pasado el juicio ya sólo nos queda esperar la resolución. Quince días más, eso contando que las empresas no recurran.

Esta misma semana se a terminado la huelga. Yo, de manera personal, me he sentido defraudada, he luchado junto a muchos de ellos para que al final nadie se acordará de nosotros, los 350 trabajadores invisibles que durante años y décadas dependiendo del caso hemos cuidado de Madrid.

¿Se lo reprochó? No, bastante tenían con la mierda que les habían echado encima, pero quiero que se impliquen, que recuerden que hemos estado ahí, si no todos si unos cuantos y luchen con nosotros.

Ya no pido la readmisión, pero pido lo mío, la indemnización por despido improcedente. No quiero ser agorera pero no tengo esperanza de volver a trabajar en mobiliario urbano, a pesar de que el trabajo me gustaba.

Sólo me queda esperar que la resolución llegue pronto y las empresas no recurran. Me queda esperar que se acabe todo esto para volver a buscarme la vida y volver a olvidar que el Ayuntamiento de esta Santa ciudad pasa de los trabajadores que durante mucho tiempo le han prestado sus servicios aunque sea a través de subcontratas.

Me queda esperar que se pase la sensación de inutilidad y encontrar justicia.

Sólo me queda esperar con la fe de que quedan políticos como Raquel López que se implican con la ciudadanía y los trabajadores.

Desde aquí quiero agradecer a Raquel López ser de esas personas que ven lo que nadie ve. Que este ahí preguntando que pasa con nosotros.

Pero sobre todo agradecerle el apoyo que nos está prestando a todos los invisibles.

No voy a dejar de luchar, de implicarme en las cosas que me importan pero hay que ser humilde y reconocer a aquellos que nos ven, que están ahí y nos apoyan. Hay que darles las GRACIAS por no mirar hacia otro lado.

También gritar por todos, aunque suene arrogante, #Justicia350, los invisibles, los olvidados.

Autora: Una trabajadora de mobiliario urbano
Fuente: Afectados por los Recortes del Ayuntamiento de Madrid

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